28 diciembre 2003

En el Paraíso

Nuestra obsesión por hacernos oir, por comunicarnos debe venir de la añoranza del Paraíso Perdido. No puedo imaginar un Paraíso más perfecto que aquel en que cada pensamiento y sentimiento se comunicaban "sin llegar a comunicarse". Sólo pensando o sintiendo se hacían, de inmediato, "públicos" . No existía diferencia entre público y privado, todo debía fluir espontáneamente, sin salir del yo ya era de todos y al contrario.

No había barreras, no había límites...

En la medida que la incomunicación nos hace desgraciados, imagino lo dichosos que nos debía hacer la perfecta comunicación ( amor ) en el Paraíso Perdido.

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