31 agosto 2005


Los límites.

La misma noche que envié el post anterior vi un reportaje sobre 927 deportados españoles de Angulema (Francia) al campo de exterminio de Mauthausen. El tono alegre de mi justificación a nuestra existencia se vino abajo y me pregunté porqué Dios permite las atrocidades y el dolor.

Creo que ese dolor y esa desesperación que sentimos le muestran a Dios sus propios límites. A todos los recovecos de esa oscuridad ni siquiera Él llega.

28 agosto 2005

Bocadillo de atún ( con aceitunas).

Tengo la descabellada teoría de que los pequeños o grandes placeres son nuestra ofrenda diaria a los dioses. A través de nuestros sentidos obtenemos una sensación de plenitud que nos comunicaría con ellos y les transmitiría la vida y cotidianidad que les falta.

Los dioses (Dios) que rigen nuestros destinos necesitarían a los simples mortales para ser completos. El todo y las partes. Puede que el placer que sentimos al comernos el bocadillo que nos chifla sea la razón metafísica que explique el sentido de nuestra triste existencia.

13 agosto 2005

A petición de una amiga que ama su pueblo:

A Puerto Lápice.

Un saludo a Puerto Lápice desde Mensaje en una Botella. A través de esta web os envío un afectuoso saludo de una convecina vuestra:
"Para mis paisanas. Gracias por la compañía porteñas. Besos de Graciela y Eva, nieta e hija del tío Benedicto. Torrent (Valencia).
Y dos fotos:

26 julio 2005


Zoe tiene 6 años y hoy lloraba desconsoladamente, con mucha pena. Ha llegado a conmoverme. Ayer perdió su bolsito con sus cosas "favoritas". Viéndola tan triste pensé en los millones de niños que lloran porque tienen hambre o están enfermos y no van a ser atendidos. No quiero imaginarme la pena de sus padres cuando los ven sufrir y no pueden hacer nada.

14 junio 2005

He conseguido recuperar el artículo de Rosa Montero sobre un cenetista alcoyano condenado a muerte después de la guera civil española.Me impresionó y espero que también os impresione a vosotros.

Rosa Montero
La grandeza de un condenado a muerte
Tengo entre mis manos un pedazo de vida. Turbadora, afanosa, palpitante. Es un libro que me ha pasado un amigo, el profesor Miguel Ors, que se quedó fascinado por su contenido. Son los diarios escritos por un cenetista de Alcoy mientras estaba en el tubo, en la prisión de Alicante, condenado a muerte y esperando a que le ejecutaran. Cosa que sucedió el 16 de septiembre de 1942. Se llamaba Enrique Barberá Tomás, aunque le conocían por el apodo de Carrasca. Había nacido en Alcoy y sólo tenía estudios primarios, pero, como buen anarquista, poseía una notable cultura autodidacta. Era vegetariano y profesor de educación física; formó una sociedad naturista en donde disponían de una pequeña biblioteca y organizaban excursiones, cursos, conferencias: una biografía típicamente libertaria. En la guerra fue jefe de abastecimientos de Alcoy y luchó en el frente de Levante como teniente. Todo eso, al final, le costó la vida. Fue condenado a muerte en un consejo de guerra; cuando le fusilaron tenía 34 años.Es un diario muy hermoso, sobrio y sustancial, un libro de una grandeza moral que conmociona. Durante ocho larguísimos meses, Carrasca vivió con sus compañeros de infortunio sin saber si por la noche sería llevado o no al paredón. Las sacas podían realizarse varias veces a la semana: seis, ocho, doce hombres en cada ocasión. Venían a buscarles entre las doce de la noche y la una; encerrados en sus celdas colectivas, escuchaban cómo se acercaban por el corredor los carceleros, y cómo se detenían delante de su puerta, y cómo chirriaba la llave en la cerradura. Los guardias entraban y leían los nombres en voz alta, como en una lotería horripilante; los hombres designados se vestían con entereza; se ponían las mejores ropas, algunos se perfumaban. Luego se despedían de los amigos sin quebrarse. En esta agonía insoportable pasaban los días, las semanas, los meses, siempre sin saber si iban a vivir hasta la tarde siguiente.Estaban comidos por la muerte. Esa muerte segura y al mismo tiempo incierta, tan cruel, les hacía fijarse obsesivamente en todos los detalles de la vida en la cárcel, para ver si adivinaban a por quién vendrían horas más tarde. Sólo respiraban los fines de semana, porque no había ejecuciones. Además, eran los días de visita. 'He recibido carta de mi compañera, con inaudito dolor me comunica que no pudo venir a verme porque carecía de medios para el viaje, además tiene que librar la terrible batalla de buscar comida para los tres [a los presos los alimentaban sus parientes para que no murieran de desnutrición]', escribe Carrasca. Es un párrafo terrible: muy mal tenía que estar la mujer para no ir, cuando esa podía ser la última vez que viera a su marido. Pero tenían una niña, eran los años del hambre, eran rojos: la mera supervivencia debía de ser toda una hazaña. 'Hoy tampoco tengo visita, otra que se pierde en el desierto de nuestra pobreza'. El libro de Barberá también habla de eso: de la angustia de las familias, del sufrimiento extremo de los perdedores, de la represión en el exterior.Un compañero condenado, guardia civil, les recomendó ponerse un pañuelo blanco en el bolsillo del pecho, para atraer las balas del pelotón y morir más fácilmente; y a partir de entonces Carrasca colocaba el pañuelo a los amigos cuando los sacaban. El diario es un recuento de lo mejor del ser humano, de la heroicidad anónima y callada del vencido, de la capacidad de vivir y morir con dignidad aún en la situación más desesperanzada y más indigna. Al final, también a Carrasca le llegó su hora. Hay un par de cartas estremecedoras que escribió a su mujer mientras estaba en capilla: 'Tengo la entereza necesaria (& ). Tan puro me siento que ni siquiera encuentro en mí el morbo del odio'. Y le dice que, aunque así la mujer no podrá aprovecharlo, se va a poner el pantalón del traje bueno: 'Perdona este último sacrificio que hago por la estética. La belleza y el buen gusto deben de acompañarme a la tumba, ¿piensas igual?'. Las cartas están reproducidas en facsímil: el pulso es perfecto, las letras regulares y armoniosas. Sin duda murió como esperaba morir: encarando la negrura con los ojos abiertos.El diario llegó a manos de la viuda escondido dentro del petate; tras leerlo, la mujer lo metió en una botella y lo enterró, lo cual da una idea del pánico en el que vivía. Ahora la hija ha editado el manuscrito en un modesto volumen costeado por ella. Es un libro luminoso que debería ser publicado por una editorial comercial. Hay que leer estos testimonios para no olvidar; y para saber hasta qué punto pueden ser espléndidos los seres humanos.

"ESTAMPAS DE LUZ". Enrique Barberá Tomás de RBA, Precio:16 € ISBN: 8478710655. 272 p. ; 21x14 cm.

26 mayo 2005


Alba

Alba se asoma sin demasiado interés al mundo de los mayores. Todavía no ve nada lo suficientemente interesante como para abandonar, sin condiciones, su mundo de niña. Tiene 13 años pero se aferra a sus peluches que cree capaces de mantenerla anclada en su particular universo, el único que conoce, aprecia de verdad, y es seguro.

Todo va cambiando en su entorno y en su cuerpo, pero algo en su interior se resiste. En contra de lo que parece, ese algo tan tozudo y heroico lo necesitará para afrontar el mundo que se resiste a aceptar, y, que llegará mucho más pronto de lo que ella sospecha.

11 mayo 2005

A Ben Webb


Conocí a Ben en Madrid, en el año 82. Daba clases de inglés y trasmitía crónicas a una radio de su país, Canadá. Había estado en Centroamérica como corresponsal libre, amparado en su actividad de profesor de inglés, y en alguno de aquellos países le invitaron a abandonarlo a punta de metralleta ( creo que fue en Guatemala).

Después de una estancia de un par de años en España estalló la revolución Sandinista y se fue a Nicaragua. Allí siguió con su “doble” vida de profesor y corresponsal hasta que conoció a Laura, una maestra cooperante inglesa, de la que se enamoró. Nos invitaron, a mi y a mi mujer, a su boda en Londres, una ceremonia preciosa, típicamente inglesa. Poco después nació su hijo Jacob y estuvieron en mi casa los tres.

Ben era un conversador animado e inteligente. Hablábamos de todo y su enfoque siempre era el más fino y divertido. Disfrutaba con la comida y las costumbres españolas.

Fue un laborista muy crítico, y un defensor a ultranza de la paz y del movimiento europeo a favor del desarme nuclear( Campaign for Nuclear Disarmament), a través de su labor como editor de Sanity. Además de sus crónicas en periódicos ingleses de izquierda como Tribune y New Statesman, fue profesor en la Universidad de Middlesex y en el London College.

El dolor al perder un amigo tan querido puede tener mucho de egoísmo. Después de años de no verlo, anhelaba volver a pasar aquellas veladas tan agradables, hablando de nosotros y del mundo. Desgraciadamente,me he enterado de su prematura muerte (45 años) de un cáncer, tarde y mal. A través del buscador GOOGLE, cuando trataba de volver a contactar, encontré en The Guardian la noticia sobre su muerte, fechada el 2/12/03.

Fue un lujo conocerlo y ser su amigo, tendré que conformarme con rememorar aquellos tiempos y releer sus agudas crónicas. Hasta siempre Ben.
Benedict Webb, periodista, nacido el 11 de julio de 1957; fallecido el 29 de noviembre del 2002.

14 abril 2005

Barbas

Hay sensaciones de la niñez que recordamos, de forma especial, durante toda la vida. Siempre recordaré, por ejemplo, el olor y el sabor de la malta que tomaba mi bisabuela “Visentamaría” en el desayuno.
Mis hijas cuando me besan, y tengo la barba de un par de días, me recuerdan otra de esas extrañas sensaciones ( en este caso teñida de extrañeza): cuando besaba a alguno de mis tíos, con la barba cerrada y sin afeitar.
De vez en cuando, me piden que me afeite y yo, recordando aquello, les hago caso de inmediato. Posiblemente, cuando besen a sus maridos recordarán la misma extraña sensación de su niñez: mi barba punzante y rasposa.

21 marzo 2005

La Fundación Shell recomienda la intervención empresarial en la ayuda al desarrollo para los países mas pobres

MADRID, 18 (SERVIMEDIA)
La Fundación Shell, organización sin ánimo de lucro creada por el grupo petrolero, ha hecho público un informe titulado "Enterprise solutions to poverty" (Soluciones empresariales a la pobreza), en el que sostiene que la contribución del mundo empresarial al desarrollo de las naciones más pobres es legítima y esencial para su éxito.
El documento achaca el fracaso global de las acciones humanitarias para la erradicación de la pobreza a la ausencia del elemento empresarial en las iniciativas para el desarrollo.
Aunque las ONG cuestionan esta intervención por el negativo impacto social y medioambiental que conlleva la actuación empresarial en muchas ocasiones, la fundación defiende que las iniciativas políticas y solidarias para la lucha contra la pobreza precisan del elemento empresarial como vía de salida de la pobreza.
Sin embargo, la creación de empresas para el progreso de los más desfavorecidos es un campo todavía poco explotado, porque de momento las grandes compañías no ven las oportunidades que ofrece este ámbito.
Para los autores del informe, los principios tradicionales del funcionamiento empresarial pueden contribuir en mayor medida al desarrollo de las naciones más necesitadas que la responsabilidad social corporativa. Sólo la empresa puede ayudar a los más pobres a optimizar los escasos recursos que les aporta la ayuda humanitaria.
Esa sería la responsabilidad social real de los negocios, tal como la describió hace veinte años el economista Peter Drucker. Por eso, los donantes deben pensar en términos de inversión y no de donación.
El informe de la Fundación Shell recomienda que aquéllos que reciban ayudas, den cuentas de ellas, y que la gestión de las donaciones se evalúe en función del crecimiento de las empresas creadas para beneficiar a los desfavorecidos, y de si estos beneficios llegaron realmente a sus beneficiarios potenciales.
La condonación de la deuda externa y otras macrointervenciones económicas deberían cumplir los mismos imperativos, agrega el informe.
Los autores consideran que la actividad de las empresas para erradicar la pobreza debería ser igual de beneficiosa que cualquier otro acuerdo empresarial y generar beneficios acordes al riesgo que conllevan.
El objetivo es hacer que la empresa sirva al pobre, no que sea su jefe, y el reto para las empresas es dejar de jugar a la RSC, que beneficia sus propios intereses, y centrar sus esfuerzos en cumplir los deseos de sus clientes más exigentes: los más pobres del mundo. Esa sí que sería una verdadera revolución, concluye el informe.

11 marzo 2005

Utopía.

Vengo de un país que desconocía a Papá Noel y al ratoncito Pérez, y en el que las madres zurcían los descosidos, y de un pantalón viejo del padre hacían dos pantalones para los hijos. La familia cuidaba a los pequeños y a los abuelos y en las puertas siempre estaban las llaves puestas, ofreciendo la casa a los vecinos.

Todos nos conocían por nuestros padres, yo era el hijo de Pepe el Braso y de Rosa la Rosca. Respetábamos a nuestros mayores y a su mundo porque , también ellos lo respetaban.

En mi nuevo país no tengo familia ni vecinos , pero sí una alarma conectada con la policía, y me conocen por mis hijos, soy el papá de Alba y de Zoe. Hemos descubierto a Papá Noel y al ratoncito Pérez pero ya no podemos cuidar ni a nuestros hijos ni a nuestros mayores. Hemos cambiado la bicicleta por el todo terreno último modelo, pero no llegamos a tiempo a ninguna parte.

Es el tributo de la libertad ( a la que no quiero renunciar) y del progreso pero, soy egoísta, me hubiera gustado vivir en un mundo que tuviera, a la vez, lo mejor de esos dos países, ¿ es una utopía?.

24 febrero 2005

Dos sencillas claves

El otro día leí un cuento de mi hija de 11 años: Palabras de Caramelo, de Gonzalo Moure . Una historia sobre un niño saharaui y su camello. Este escritor cuenta que ama a ese pueblo, pero sobre todo a sus niños. Y da dos razones: son alegres, aunque no tienen nada, y sienten un profundo respeto por el mundo de sus mayores. En nuestra sociedad enferma, los niños no son alegres aunque lo tienen todo y tampoco pueden sentir respeto por el mundo de sus mayores, porque nosotros no podemos trasmitirles el respeto por una sociedad que no nos gusta.

10 enero 2005

El grito de la vida


Aquel grito desgarrador, “Pare” ( padre) , aún resuena en mis oídos. Era el grito de una mujer de 50 años, pero sentí que salía del corazón de la niña que entiende que ha perdido, para siempre, a su padre.
Hacía poco que yo había sido padre por primera vez y, esa especial sensibilidad, me hizo comprender aquel grito en toda su intensidad. Con el primer hijo la vida toma la dimensión real, y cualquier muerte llega a entenderse de forma más profunda.
Después de más de diez años he llegado a entender que lo que me sobrecogió, y aún me sobrecoge, de aquel grito es que representa el dolor universal ante la muerte del progenitor, próximo y querido. Es el propio grito que desgarrará el corazón de mi hija el día que yo muera.

17 diciembre 2004

De marca, marca

Llevo un reloj de 9 euros marca Tulus, comprado en un chino, loque casi supone una blasfemia y el colmo de la vulgaridad. Habría miles de personas que me tacharían como un ser de la peor calaña. De nada me serviría explicarles que me lo compré de forma provisional y que va como un clavo con el reloj del Telediario. Eso importa poco.Hoy en día, la función de un reloj no es algo tan simple como dar bien la hora. Lo primero es que sea de “marca, marca” y
una vez cumplido este requisito se le puede añadir que vale un riñón. Finalmente no hace falta apuntar que da bien la hora. Se le supone.

En esta sociedad son mucho más importantes las apariencias que el fondo de las cosas. Si alguna vez me hiciera famoso, mis herederos podrían venderlo por una pasta: sería el famoso reloj Tulus de 9 euros, comprado en un chino

10 diciembre 2004

Reflexión


Ayer estaba hablando, con una buena amiga, sobre una experiencia suya relacionada con el sentimiento de la muerte . Con absoluta naturalidad comparó la muerte con el hecho de cerrar un libro y guardarlo. La serenidad y la fuerza que me transmitió me sobrecogieron.
Poco después me invitó a que reflexionara sobre un tiempo determinado antes de mi nacimiento.¿ Cómo me sentía entonces ? ... Después de la muerte – me comentó – ocurrirá lo mismo, te sentirás igual.

26 noviembre 2004

Sólo humo

Caen las Torres Gemelas y el mundo se acaba. Olemos el humo del café y con ese perfume tan leve el mundo se construye de nuevo. Un soldado americano ametralla a un herido por las espalda en Irak y el mundo se vuelve a derrumbar. Una madre empuja el columpio de su hijo en el parque y con ese balanceo la historia comienza desde el principio. El intrépido José Maria Aznar habla inglés en la universidad de Georgetown y Shakespeare sale huyendo de la tumba. Los dedos sonrosados de un niño teclean un ordenador y en el paraíso todos los diccionarios se recomponen. El mundo se crea o se destruye, se inicia o se acaba todos los días, de forma simultánea, bajo nuestra estricta voluntad... Este estupendo texto es de MANUEL VICENT de su columna de El País del domingo 21/11/04.


10 noviembre 2004

Los huérfanos de Paterna.

Ayer estuve con mi padre y mi hermano en el cementerio de Paterna. Allí hay enterrados miles de republicanos fusilados desde que acabó la guerra hasta el año 1957. En su mayoría se encuentran en fosas comunes como la de mi abuelo, en donde hay del orden de varios centenares enterrados.

Cada año, mi padre, como los miles de hijos e hijas que dejaron visitan estas fosas comunes. La tristeza es inmensa, incluso después de 60 años, pues los que se acercan a visitarlas eran entonces niños de 7, 8 ó 9 años, como mi padre. Jamás podrán olvidar el dolor de ese niño, o niña, cuando le arrebataron a su padre de forma brutal.

Allí hay de todos los pueblos de Valencia y de otros sitios de España, desde muchachos de 17 o 18 años hasta abuelos de 70, muchos de ellos campesinos como mi abuelo.
Ayer había una mujer que había venido desde Gandía, nos decía que todos los años, mientras pueda, vendrá a visitar la tumba de su padre. Con lágrimas en los ojos recordaba que era una niña de 8 años cuando lo juzgaron, y pasó todo el juicio escondida escuchándolo todo detrás de la silla de su padre.

Ella como nosotros sacaría de la fosa a su padre, pero se preguntaba cómo lo iba a hacer si en la misma fosa, de apenas 4 metros cuadrados, había varios centenares de personas.
Con ese dolor morirán todos los huérfanos de Paterna como la mayoría de los huérfanos de las fosas comunes de uno y otro bando.

Los huérfanos de Paterna lo serán hasta que mueran. Me sobrecoge pensar en los nuevos huérfanos de Paterna que aparecen cada día en el mundo, y en los años que les quedan para sobrellevar su tragedia.

08 noviembre 2004

Ayer vi la última película de Amenábar, "Mar adentro".Impresionante y preciosa. Llegas a vivirla con sus personajes. Javier Bardem es el monstruo interpretativo que acostumbra ser, y, como decían sus compañeros durante el rodaje, con él notas la presencia del propio Ramón Sampedro en la película.

Un bello alegato por la vida, por la libertad y por la dignidad de la persona. Belén Rueda está muy bien, pero Lola Dueñas en su personaje de Rosa (joven madre soltera cuya vida es un desastre) es formidable al igual que Mabel Rivera como Manuela ( la cuñada que lo cuida durante años).

Una obra de arte de una humanidad extrema.

03 noviembre 2004

Un gran paso adelante. ¿Hacia dónde?

Parafraseando al dictador Franco cuando decía: " Españoles, ayer estábamos al borde del abismo... hoy hemos dado un gran paso al frente". Podemos aplicarlo a la situación del Mundo, con relación a la elección del presidente de los Estados Unidos que parece que volverá a ser Bush: " Americanos, ayer estábamos al borde del abismo... hoy habéis dado un gran paso al frente".

21 octubre 2004

Gabriel García Máquez y su última novela.


He leído sobre la última novela de Gabo, "Memoria de mis putas tristes". Una narración de amor, tierna y entrañable, pero llena de ironía y humor: un hombre de 90 años se enamora de una niña de 14 con tanta pasión que retorna a los tormentos de la adolescencia.

La vida se rebela. Cuando todo parece estar dicho y hecho , un destello cegador - el amor- siempre es capaz de brotar de las brasas que creíamos apagadas.


09 octubre 2004

Tortilla de patatas.


La doctora Elisabeth Kubler-Ross se dedicó durante años a atender a los enfermos terminales. Y no sólo eso, ha tratado de educar a generaciones de médicos para que vean la muerte de otra forma y para que traten a los moribundos con toda la humanidad que necesitan. Ese trato enriquece al médico y al paciente.

En contraposición a todo esto, recuerdo hace unos años la muerte en el hospital de la madre de un compañero de trabajo. Cuando ya se sabía que no se podía hacer nada por ella, la pobre mujer empezó a pedir que le trajeran una tortilla de patatas. Los médicos que la atendían siguieron proporcionándole la comida de régimen que le estaban dando hasta entonces y fueron totalmente insensibles a los últimos deseos de la mujer.

Mi compañero se ha arrepentido, muchas veces, de haberles hecho caso a los médicos. ¿Cumplieron éstos con su deber como médicos? Yo creo que no, un médico no puede ser bueno si antes que médico no es humano.